SEPTIEMBRE 2016

16 Septiembre 2016: Vernissage de la exposición FIORILE en La Ranilla Arte-Cultura en Puerto de la Cruz.

Artista: Antonio Nigro ROGANI

Presentación: Laura Carlino de evocArte Art Gallery


LA COLECCIÓN DE ESCULTURAS DE ELADIO DE LA CRUZ EN EL EXCONVENTO DE SAN FRANCISCO EN GARACHICO


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Desde finales  de junio del  2016 más de cincuenta  obras del Escultor Tinerfeño Eladio de la Cruz se exponen  de forma permanente, de acuerdo a un convenio  quinquenal (renovable), en el Exconvento de  San Francisco en Garachico.

En 1934 nace Eladio de la Cruz  en Santa Cruz de Tenerife en el seno de una familia modesta; su muy precoz pasión por las artes   lo lleva a realizar estudios artísticos: Escuela  de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Santa Cruz de Tenerife y  luego La Escuela Superior de Bellas Artes que hacía poco tiempo se había inaugurado en Santa Cruz.  Egresa como Profesor, consigue la  Cátedra de Escultura en la Escuela de Artes  Aplicadas que había frecuentado como estudiante y cuando la Universidad de la Laguna abre  La Facultad de Bellas Artes, comienza allí  a desempeñarse como docente. Continuará  haciéndolo durante más de cincuenta años conjuntamente con una intensa actividad artística: sus obras se encuentran en Museos,  Galerías Públicas y Privadas, Nacionales e Internacionales, así como numerosas esculturas suyas decoran plazas, parques y monumentos en todo Tenerife.

Las esculturas expuestas en Garachico desarrollan temáticas diferentes  pero las agrupa  una misma tendencia: en los temas de la maternidad y de la familia, de la humanidad y de su transfiguración a través  de la experiencia  del dolor, del sufrimiento y de la muerte, de una alegría de vivir que se expresa en la belleza, en la danza y en el amor, es evidente la búsqueda del  valor absoluto del contenido que la obra  pretende expresar, superando  al sujeto  en cuestión. Es el Ser humano en su integridad de cuerpo, mente y emociones lo que Eladio de la Cruz  expresa en sus obras.

En la  amplia muestra expuesta en Garachico este aspecto se impone en toda su esencia de búsqueda constante: si bien la ausencia de datación de las obras es indudablemente una carencia informativa fundamental,  tiene sin embargo el mérito de evitar una lectura cronológica y evolucionista de la producción del escultor, permitiendo al visitante abrazar sin condicionamientos la totalidad y la íntima coherencia  de apreciar  principalmente, la poesía y la fuerza emotiva que  se desprenden de las esculturas. La bellísima,  fundida pareja de amantes que encontramos subiendo la escalinata monumental,  por ejemplo,  encierra en los  rasgos esenciales y en las formas delgadas, casi descarnadas por las profundas sombras talladas,  la esencia de un sentimiento que del sufrimiento más profundo extrae la propia fuerza; la posición de las manos de ambos, retomando la imagen tradicional de Adán  y Eva después del pecado,  basta para evocar en el espectador,  aunque sólo sea a nivel inconsciente, un abanico de emociones que se renuevan poco después, delante de  la más desconcertante “Maternidad” que me haya tocado admirar: madre e hijo comparten, además de los cuerpos angulosos de superficies ásperas, una expresión de extraordinaria intensidad, no obstante tan indescifrable, fluctuante  entre la sensación de una alegría inexpresable y de un mismo inexplicable dolor. Una escultura que habla al espectador, con el cual  forja una relación en la que el elemento circunstancial es el estado de ánimo del mismo espectador.

Serenidad inequívoca, por el contrario, transmite la delicadísima “Familia” marmórea en la que no por casualidad los rostros – y por lo tanto las expresiones – se reducen a simples sombras sobre las superficies bruñidas y lisas. La profunda serenidad de la vida familiar es comunicada  sólo   por la línea curva, cerrada e infinita  que repite en las dos formas, masculina y femenina, la misma actitud  en paralelo;  las piernas cruzadas y los brazos del  hombre joven acogen como en un nido las mismas piernas cruzadas y los mismos brazos – sólo más pequeños – de la mujer, que crean  a la vez un nido más pequeño,  pero  igualmente acogedor en el  que encuentra sitio una niña recostada, que en el reposo completamente “abierto” manifiesta toda la serena seguridad que ese doble nido le garantiza.

La obra en mi opinión es un interesante testimonio de la influencia de Henry Moore sobre el Artista Tinerfeño en una fase en la que  la forma, que no abandona jamás la impronta figurativa,  se simplifica y se confunde con la línea en una búsqueda constante de relación entre “ llenos “ y “ vacíos”

Extraordinarias en su búsqueda de  movimiento  que recuerda al Boccioni  de las   formas en el espacio,  las dos bellísimas figuras danzantes sin cabeza, cuyos miembros fundidos y  vestidos flotantes,  evocan la profunda cultura artística del autor,  evidente también en las referencias al De Chirico  de las ”Tres Gracias”,  con las cabezas de maniquí que pertenecen al período surrealista del Pintor Italiano.

Merece sin lugar a dudas una visita  esta bellísima Colección de Obras de Garachico para gozar durante un momento de  pura y absoluta belleza que con el tiempo permitirá sondear las profundidades, a menudo ocultas, de nuestras más íntimas emociones.

(Laura Carlino, EvocArte Art Gallery)

(Pubblicado en Vivitenerife, septiembre 2016)