AGOSTO 2016

EXPOSICIÓN BENÉFICA DE GRANDES ARTISTAS CANARIOS AL SERVICIO DE LA SOLIDARIDAD: UNA EXPERIENCIA Y ALGUNAS REFLEXIONES


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Del 29 de junio al 14 de julio, en la Sala de Arte del Casino de Santa Cruz, se desarolló la exposición solidaria de óleos, litografías, dibujos y acuarelas de los grandes artistas Canarios del siglo XX, activos y desaparecidos. No sucede a menudo que podamos admirar, reunidos en un mismo ámbito artístico, obras de tan alta envergadura. El hilo conductor de la collección no era un tema sino más bien la finalidad: ha sido en efecto organizada gracias a la colaboración de los cinco Clubes Rotarios de Tenerife (Tenerife Sur, Santa Cruz, La Laguna, Puerto de la Cruz, Rambla), con el patrocínio de Caja Canarias, la empresa agrícola Viña Zanata y por supuesto el Real Casino de Tenerife, con el fin de recaudar fondos para el proyecto Rotary PolioPlus, que desde 1979 trabaja en el mondo con el objectivo – casi logrado – de erradicar definitivamente esta enfermedad. Sobre este aspecto en efecto han insistido las personalidades que oficialmente inauguraron el evento: José Alberto Muños, Presidente del Real Casino de Tenerife; Manuel Florián de Tomás Martí, máximo representante del Rotary Tinerfeño; Alejandro Tosco Artista y Director de la Sala de Arte del Casino.

Mientras el personal del Goysa Gourmet de Gregorio Pérez ofrecía un agradable y elegante refresco al numeroso público presente, tuve la oportunidad de observar con atención e interés, una a una, las obras expuestas. A pesar del altísimo nivel general, a menudo original ya sea en el plano técnico como en la impronta estilística, algunas de ellas me fascinaron de manera particular. Como me sucede frecuentemente cuando visito una exposición, me dirigí inmediatamente a la obra más pequeña, un dibujo de Jesús Arencibia de 1974. Si bien el artista suele ser relacionado con El Greco – una comparación con la «Manera» de Rosso Fiorentino y Pontormo no estaría sin embargo fuere de lugar en algunos de sus efectos – este pequeño boceto me recordó inmediatamente al Goya de «Los desastres de la guerra» por la fuerza y la decisión de su trazo sintético, intenso y expresivo.

Numerosas también las obras inspiradas en la Isla como el Volcán de Lola Massieu de 1999, una litografía esencial de intensa impronta japonesa en la zonas de color anchas y geométricas, simplemente resaltadas con efecto acuarela y con trazos gráficos rápidos y concisos. El espectador se pregunta si está observando el Teide o el Fuji… Fundamental también es la elección del cromatismo, rojo, blanco y negro, los mismos colores que dominan la «mancha de Rorschach» de César Manrique, una técnica mixta sobre madera de 1989, visión surrealista y demoníaca realizada con capas de gran espesor que han creado con el tiempo zonas de evidentes agrietamientos que sin embargo, en mi opinion, no malogran el valor de la obra debido a que enfatizan una materialidad potente, agresiva, que inmediatamente trajó a mi mente los Sacos, las Grietas y las Combustiónes de Alberto Burri, que por otra parte es prácticamente contemporáneo de Manrique: sin utilizar materiales específicos, el artista de Lanzarote consigue recrear la misma atmósfera visionaria, de fuerte impronta onírica y psíquica (no por casualidad he utilizado la expresión «mancha de Rorschach») no desprovista de referencias claramente espirituales en la repetición de formas que aluden al ojo: el ojo de Dios o del diablo, el ojo del Vulcano, el ojo del Yo…al espectador el deber de interpretar: el artista se limita a recordar los fantasmas que se agitan en cada uno de nosotros.

Me he mutado en Tenerife hace menos de un año: tal vez es por eso que me ha impresionado la técnica mixta sobre madera de Alejandro Tosco titulada Profundidad. A primera vista desde lejos, me había parecido una toma aérea de una zona de la isla con sus costas rocosas, sus calas encantadas, la montaña, la lava… Una observación más atenta me permitió percatarme de que si es verdad que estas referencias non son del todo ajenas a la obra de Tosco, en realidad el grosor matérico, aquí y allá capaz de provocar pliegues y ondulaciones debidos a las capas de pigmento, el color intensísimo de los ocres, de los marrones, de los azules, no se refieren a una vista aunque sintética, sino a la materia misma: lava, roca, agua; la esencia primordial que se capta deteniéndonos en los detalles y que sustrae la obra al fácil efecto «mapa geográfico» para introducirlo en el ámbito de una abstracción de profundo valor interior.

Y a pocos pasos de distancia allí estaban: los Acantilados de Los Gigantes, óleo sobre lienzo de Néstor Santana fechado 2012. Fácilmente reconocibles incluso en la «libre interpretación» declarada por su autor, me atrajeron desde lejos como algo familiarmente cercano, un rincón del mundo que me pertenece y que ya forma parte de mí. Es la zona de la Isla un la que he elegido vivir y en la cual he abierto mi Galería, los Acantilados, y este cielo líquido, casi acuerelado, los ocres amarillentos y rojos, los vapores de nubes que encapotan la roca, los trazos regulares casi geométricos de azules diferentes como si reclamaran los colores que el mar adopta según el fluir de las corrientes: todo esto es el Acantilado y Santana ha recogido profundamente y con amor el sentido más intimo y salvaje.

Querría extenderme aún en el interesante efecto «chamuscado» del dibujo informal de Juan Gopar (técnica mixta sobre papel de 1989), o en el dibujo acuerelado de Pedro González, o incluso en la encantadora litografía de Miguel Arocha que expresa de manera sorprendente con sus papeles apretados y evanescentes el significado más profundo del libro-objeto que va más allá de la metáfora: pero el tiempo y el espacio son tiranos. Deseo fervientemente que la exposición, con su profundo valor cultural y solidario a la vez, sea repuesta en diferentes zonas de Tenerife para que pueda ser apreciada como verdaderamente se merece.

(Laura Carlino, EvocArte Art Gallery)

(Pubblicado en Vivitenerife, agosto 2016)